Un espacio para contarnos, encontrarnos y recordarnos
Espero q os guste.
Un abrazo
Rakel Tomé
🏵️🏵️ De Talaveruela a Sinjajevina: el agua que nos une más allá de las fronteras💦💦
*Hay experiencias que dejan huella.*
Representar a la Comunidad de Regantes San José de Talaveruela de la Vera y al Monte Protector Coto Sierra Valverde y Talaveruela de la Vera en el encuentro internacional del ICCA Consortium, celebrado en la impresionante meseta de Sinjajevina, en Montenegro, ha sido una de ellas.
Llevar el nombre de nuestro pueblo a un foro internacional donde se dan cita comunidades que custodian la vida en todo el mundo ha sido un honor y una enorme responsabilidad.
🏵️💦 Nuestro territorio, un Territorio de Vida
Este encuentro ha sido una magnífica oportunidad para compartir el trabajo que, desde hace generaciones, hacemos en Talaveruela para cuidar el agua, el monte y la biodiversidad. Un trabajo colectivo, a menudo invisible, que hoy cobra un significado muy especial con el proceso de reconocimiento de nuestra Comunidad de Regantes como *Territorio de Vida (ICCA)*.
Un reconocimiento que pone en valor lo que somos: unos regadíos históricos y tradicionales que nacen en el Monte Protector y se alimentan de la Garganta Naval. Un sistema vivo donde agua, monte y comunidad son inseparables.
Durante años hemos impulsado, desde lo comunal, actuaciones de *Siembra y Cosecha del Agua*💦 la recuperación de antiguos manantiales y abrevaderos para favorecer la infiltración, fortalecer los caudales, conservar la biodiversidad y hacer nuestro territorio más resiliente frente al cambio climático y la prevención de incendios.
Son acciones sencillas en su esencia, pero profundas en su impacto. Porque no nacen de un proyecto técnico, nacen del conocimiento heredado, del compromiso y del amor por nuestra tierra.
🌼 Sinjajevina: el espejo donde nos reconocimos
Lo más valioso de este viaje ha sido comprobar que, aunque nos separen miles de kilómetros, nos une lo esencial.
En Sinjajevina, una de las mesetas pastoriles más grandes de Europa, amenazada también por intereses ajenos al territorio, nos hemos encontrado con comunidades que defienden lo mismo que nosotras: el respeto por la naturaleza, la gestión comunitaria del territorio y la convicción profunda de que el patrimonio natural y cultural solo puede conservarse si quienes lo habitamos somos sus principales guardianas.
Hablamos lenguas distintas, pero compartimos la misma lucha.
😉 Regresamos más fuertes
Vuelvo de Montenegro con la satisfacción de haber llevado el nombre de Talaveruela de la Vera al mundo, y sobre todo, con la certeza de que nuestro pequeño territorio tiene mucho que aportar y mucho que aprender.
Porque cuidar el agua es cuidar la vida. Y porque tejer alianzas entre comuneras y comunidades que custodian la tierra nos hace más fuertes para afrontar juntas los retos del futuro.
💦 *Seguimos sembrando agua. Seguimos haciendo comunidad.*💦
Reproducimos, con permiso de la autora, Gabriela Vázquez un artículo muy, muy interesante, fácil de leer y con pinceladas de humor, sobre Elinor Ostrom, cuyo trabajo sobre la gobernanza de los bienes comunes, deberíamos tener presente cada día.
Publicación original en El Salto (6/11/2020)
Publicación en gabrielavazquez.substack.com (publicación en inglés)
En el año 1968, un señor llamado Garrett Hardin publicó en Science un artículo titulado “La tragedia de los comunes”, que supuso un argumento potentísimo para defender desde un punto de vista económico-neoliberal la privatización de los recursos naturales. A estas alturas el proyecto de acumulación capitalista estaba a tope de salud y bien en funcionamiento desde hacía tiempo, pero digamos que esto tampoco vino mal para la vuelta de tuerca que daría en las siguientes décadas.
La teoría de Hardin era la siguiente: cuando un recurso natural ⎼en su ejemplo, los pastos de Inglaterra⎼ está abierto para que todo el mundo lo use, cada individuo lo explotará al máximo aunque sepa que eso lleva a su degradación y destrucción, porque si no lo hace él, lo hará otro. Hardin lo llama tragedia, no sólo porque el resultado sea indeseable, sino porque lo considera inevitable.
Esta teoría lo petó bastante. De hecho, si te pones a buscarlo, puedes encontrar este razonamiento detrás de una gran cantidad de cosas que nos suceden incluso a día de hoy, y que no suelen tener que ver con a qué pastizal llevas tus vacas. Este “a mí me gustaría hacerlo bien, pero no voy a ser el más tonto” es un elemento clave de nuestro paradigma vital, presente tanto en los Tratados de Libre Comercio como en los anuncios de Media Markt.
Pero la teoría de Hardin contenía varias premisas que no tenían por qué ser ciertas. La primera, que todo el mundo tiene como objetivo principal el maximizar el beneficio económico; la segunda, que los usuarios de un mismo recurso no se comunican entre ellos; la tercera, que estos recursos siempre están abiertos para cualquier individuo indiscriminadamente.
¿Qué hizo Ostrom? Escribir un tochaco y recoger un montón de experiencias de todo el mundo en las que esto no sucedía así. Esto no significaba que la tragedia de los comunes no se diera (de hecho, ¿hola? Nos estamos ahogando en tragedia de los comunes), sino que no tenía por qué ser así. Y describir los factores que hacían que no ocurriera.
Uno de los ejemplos que analiza Ostrom es el de una comunidad pesquera en Alanya, Turquía. Esta comunidad comparte un recurso de uso común, una pesquería de la que dependen para su subsistencia y que, si se sobreexplota, se degradará perjudicando a todos. En este caso, los pescadores habían acordado conjuntamente un sistema de sorteos y rotaciones, cuyo cumplimiento podían controlar por sí mismos. Esto permitía limitar los niveles de pesca y evitar la degradación de los ecosistemas de los que dependían.
(Elinor fue a entrevistar a esta gente en los años 70. En 2020, al escribir este artículo, me he puesto a ver qué había sido de ellos, y al parecer afortunadamente les sigue yendo bien, aunque la pesquería se está viendo afectada por la pesca de arrastre en zonas cercanas pero que no son la suya, lo cual lo mismo daría para otro artículo).
Este tipo de gestión se llama gestión comunal ⎼aunque hay otros tipos de comunes que no tienen exactamente estas características⎼ y se ha aplicado desde que el mundo es mundo en pesquerías, pastos, bosques y fuentes de agua de todo el planeta. Ostrom no era economista ni bióloga sino politóloga, estudiaba este tipo de acuerdos colectivos y se dedicó a recopilarlos y sistematizarlos. Detectó ocho características que se daban en aquellos que funcionaban mejor (copio impunemente de la Wikipedia):
Podríamos decir que hay tres modelos de gestión: uno, la gestión privada (dividimos el recurso y cada cual se encarga de explotar/gestionar/cuidar su parte hasta que se muere, lo vende o lo deja en herencia); dos, la gestión gubernamental (una institución que ponga leyes para regular el uso del recurso, o que sea directamente quien lo gestione); tres, la gestión comunal (modelos parecidos a lo de los pescadores, aunque no sólo).
Tratar de aplicar la gestión privada a todo sale: mal. Las leyes y la regulación gubernamental también pueden salir mal, o no ser lo más eficiente (por ejemplo, en el caso de los pescadores era más fácil que ellos mismos controlasen el cumplimiento de los acuerdos a que hubiese que enviar inspectores o policía). Y la gestión comunal, la autogestión por parte de la propia comunidad que usa el recurso, también puede no funcionar. Es por esto que Ostrom habla de “la trampa de la panacea”. No podemos pensar que hay un modelo de gestión universal aplicable a todos los casos y recursos, no hay una fórmula mágica, sino que es necesario analizar cada situación y asumir la diversidad ecológica y social, para adaptarnos a ella.
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| Nobel_Prize_2009-Press_Conference Holger Motzkau, 2009 Wikimedia Commons |
Elinor Ostrom ganó un Nobel de Economía por describir que, al contrario de lo que algunos estaban gritando a los cuatro vientos, la gente es capaz de organizarse y administrar de forma responsable los recursos de los que dependen. Redescubrir esta verdad y comenzar a actuar en consecuencia debería ser una de las claves que tengamos en cuenta a la hora de enfrentarnos a los desafíos ecosociales que tenemos por delante.
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